Historia

Claudio Marchant  supo a los siete años que los suyo era la caligrafía. Entró a estudiar al colegio Pio X. el de los curas holandeses. Ahí el hermano Servando, también conocido como el cura Colo-Colo, le enseño los primeros trazos. Primero con un lápiz grafito número dos. Después cuando demostró sus habilidades, le regalaron una Pluma, un tintero (que conserva hasta hoy) y papel secante.

En esa época la caligrafía era un ramo más. A los 12 años se cambió al Blanco Encalada, donde enseñaban los hermanos de la Salle. Y terminó la educación formal en el Colegio Salesianos, también de orientación Católica, Algo dice ese detalle, señala Marchant, buscándole un origen a su talento.

No era un alumno de siete. Apenas le alcanzaba para el cuatro. Pero se salvaba con caligrafía. Salió de la escuela y durante varios años la pluma quedó en barbecho. Se dedicó a la venta de diferentes artículos. Le gustaba el contacto con la gente. Entremedio, como para no perder la costumbre, escribía los carteles que anunciaban los precios en algunas tiendas.

Pero la tinta llama. A los 39 años decide independizarse. No más venta. Desempolvó la pluma y se aplicó en perfeccionar la línea caligráfica. Ya tenía claro que los suyo era de nacimiento. “Lo llevas en la Sangre. Te dice: ‘hazlo, es tuyo’. Es vivir tranquilo, ser feliz”, acota intentando explicar una decisión que le resultó más fácil de lo que pensaba. Su taller habla de eso. Es una sala donde manda una mesa amplia llena de papeles, lápices, tinteros y plumas. De las paredes cuelgan pequeños cuadros de técnica mixta (acuarela y tinta) un que otra foto. También abundan los libros, casetes de música y antigüedades. Y un alto de diplomas, por su puesto.

En 1989 comienza a trabajar con las Universidades Locales de esos años (UCM y Universidad de Talca) escribiendo los nombres y carreras de los egresados que reciben sus títulos, empezando con unos 600 diplomas al año.

Otra Arista de su talento lo despliega en los pergaminos, papeles que mezclan texto y filigranas y que se utilizan por ejemplo, para reconocer a personajes públicos. Como cuando el municipio de Villa Alegre homenajeó recientemente al animador Felipe Camiroaga como hijo ilustre. Ese pergamino fue obra de Claudio Marchant.

Ser feliz, dice, y hay que creerle. Claudio es feliz con sus diplomas y tarjeta. Tanto, que cuando muera quiere irse con una pluma en el bolsillo. Palabra de Artista caligráfico.

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